(LA PRENSA/ARCHIVO)

“Leer” personas, una habilidad clave

Leer a las personas no sólo es un pasatiempo entretenido sino una habilidad para mejorar nuestros vínculos familiares, sociales o profesionales ¿Ha estado alguna vez en un aeropuerto o sentado en un centro comercial y se ha dedicado a “leer” a las personas? He escuchado a muchos decir que no se aburren nunca porque les […]

  • Leer a las personas no sólo es un pasatiempo entretenido sino una habilidad para mejorar nuestros vínculos familiares, sociales o profesionales

¿Ha estado alguna vez en un aeropuerto o sentado en un centro comercial y se ha dedicado a “leer” a las personas? He escuchado a muchos decir que no se aburren nunca porque les encanta observar a los demás.

Observar el comportamiento humano ha sido uno de los pasatiempos favoritos de nuestra especie, de manera que de allí se han desprendido varias disciplinas sociales, como la sicología y la antropología. La comunicación, como ciencia, se desarrolló partiendo de la sicología, como fenómeno, es lo que nos vincula como seres sociales porque queramos o no, siempre estamos comunicando algo, ya sea de manera consciente o no.

De hecho, hoy día existe un cúmulo de conocimientos sobre leer e interpretar fielmente a nuestros congéneres. Muchas veces esta habilidad se torna crítica, por ejemplo, cuando se debe seleccionar a un jurado sobre cuyas espaldas pende o no el veredicto de culpabilidad en una corte. La selección de los jurados se hace ya de una manera bastante “científica” por expertos en la lectura de personas. (Famoso el caso de O. J. Simpson, por ejemplo).

Quizás nunca tendremos este tipo de experiencia extrema, pero pienso que a todos nos conviene refinar un poco más estas habilidades. Lo primero y que es clave es afinar nuestro sentido de observación. Una vez, una amiga me preguntaba que por qué los relojes nunca ponían el numero romano correcto en la carátula para indicar las cuatro de la tarde. En vez de poner IV, ponían siempre IIII. Hasta ese momento, y pienso que tal vez había visto miles de veces la hora en mi reloj, pero nunca me había dado cuenta de que los relojeros, se resistían a poner cuatro en números romanos.

Hoy estamos saturados de información y tenemos siempre que escoger lo que necesitamos digerir. A pequeña escala nuestra cara puede, por ejemplo, adoptar 7,000 expresiones distintas. Cuántas de ellas podemos interpretar y cuántas nos hablan de ese yo detrás de esas expresiones.

Los expertos en lectura de personas —que es una habilidad del buen comunicador— nos hablan de que hay que distinguir tres niveles. El primero, el que nos muestra lo que en forma consciente queremos transmitir. Por ejemplo, nuestra elección de ropa, y hasta de nuestro cuerpo, que en buena parte es una decisión muy consciente.

El segundo nivel es el que revela de manera inconsciente la autenticidad de nuestra manera de ser, pensar y comportarnos, es decir, el lenguaje no verbal. Nos habla, por ejemplo, de la postura —que es la que pregona qué autoestima poseemos— e interpreta nuestros gestos, tono de voz, etc.

El tercero nos adentra en el carácter, requiere de más observación y no saltar a conclusiones precipitadas sino más bien que busquemos patrones y coherencias. Es una persona sensible o más bien tosca, es alguien preocupado por su entorno social o está centrado en sí mismo. Todos los planos juntos nos dan entonces un cuadro bastante acertado de la persona sin siquiera requerir que abra la boca. Más allá de estos tres planos, vendría el tipo de personalidad, así como los antecedentes de la persona y su visión sobre aspectos clave.

La autora es Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Southern Illinois y catedrática de la Thomas More Universitas. Escribanos a [email protected]

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